ARICA: EL EPÍLOGO DE UNA CAMPAÑA DE LA GUERRA DEL PACÍFICO

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Lunes, 7 Junio, 1880

Una vez obtenida la victoria de Tacna, los jefes militares chilenos decidieron atacar la plaza de Arica. Este lugar constituía el último reducto de resistencia peruana ubicado al sur de los departamentos de Moquegua y Tacna, por lo cual era necesario tomarlo para asegurar el dominio chileno de los territorios ya ocupados. Se trató de la última gran acción de guerra de lo que se conoce como la “Campaña de Tacna y Arica”.

En aquella época, Arica era un aldea situada al pie de un cerro de paredes abruptas que corresponde a un desprendimiento de los contrafuertes andinos. En el lomo de ese cerro, conocido como el “Morro”, se alzaban tres fuertes: uno denominado “Este”, otro como “Ciudadela” y un tercero que llevaba el mismo nombre del cerro, vale decir, el “Morro”. En la cima de esta misma elevación había varios cañones, mientras que abajo y hacia el norte se emplazaban otras tres fortificaciones. Todos estos fuertes se hallaban minados, conformando una red que era dirigida desde el hospital de la población de Arica. Por otro lado, los fuertes de la parte baja del Morro se denominaban “San José”, “Santa Rosa” y “Dos de Mayo”. El historiador Gonzalo Bulnes resume de la siguiente forma todo este complejo militar:

“Red poderosa de cañones y de dinamita; fuertes unidos entre sí por líneas de explosivos; reductos escalonados en un pasaje estrecho; cañones que defendían la entrada del único desfiladero que conducía al Morro; tal era Arica, en el momento que llegaban a golpear sus puertas los vencedores de Tacna.”1

En la bahía de Arica se hallaba también el buque peruano “Manco Capac”, utilizado ahora como una fortaleza flotante que debía auxiliar a los fuertes ya mencionados.

La plaza estaba guarnecida por dos divisiones peruanas: la Nº 7 mandada por el coronel Alfonso Ugarte (y compuesta por los batallones Iquique y Tarapacá) y la Nº 8, por el coronel José Joaquín Inclán (y conformada por los batallones Artesanos de Tacna, Granaderos de Tacna y Cazadores de Piérola). El jefe de todas estas tropas era el coronel Francisco Bolognesi. En total y contando a la tripulación del “Manco Cápac”, Arica estaba defendida por unos dos mil hombres.

El general Manuel Baquedano ordenó al coronel Lagos que la Reserva chilena se desplazara hacia Arica y de esta forma partieron los regimientos Carabineros de Yungay y Cazadores a Caballo. Durante la marcha de estos cuerpos explotaron dos minas que hirieron a tres solados, pero se dio la oportunidad de capturar al ingeniero peruano Tedorodo Elmore, quien había planificado todo este complejo de minas que defendían Arica y a su ayudante. Con esto, el plano de dichas minas y sus conexiones eléctricas quedó en manos de los chilenos. Al día siguiente, 2 de junio, arribaron también los regimientos Buin y el Nº 3 de Línea, y el día 4 se les juntaron el General en Jefe y el jefe del Estado Mayor, el regimiento Nº 4, el batallón Bulnes, el escuadrón Carabineros de Yungay y tres baterías de artillería de campaña.

Como consecuencia de sus observaciones, Baquedano determinó que la plaza fuera rendida mediante un bombardeo de artillería, el cual tuvo lugar el 5 de junio, pero sin mayores efectos. Entonces se envió al comandante de la artillería José de la Cruz Salvo a parlamentar con los jefes peruanos. Sin embargo, Bolognesi dio a conocer su voluntad de resistir hasta el último momento. El mismo día 5 de junio, el coronel Pedro Lagos fue designado como el jefe de la división que atacaría la plaza. El día 6 de junio se produjo un nuevo bombardeo, que tampoco produjo resultados significativos, aunque sí hizo formar a los jefes militares peruanos una concepción errónea acerca de la manera con la cual atacarían las fuerzas chilenas. En la tarde de este mismo día, el coronel Lagos envió a un segundo parlamentario, que en esta ocasión era el ingeniero Teodoro Elmore, para que conferenciara con Bolognesi; este último se mostró abierto a llegar a algún acuerdo, pero sin recurrir a la capitulación. Cuando este parlamentario retornaba al poblado, ya los jefes chilenos tenían planificada la toma de la plaza.

Finalmente, el general Baquedano ordenó a Lagos que debía tomar las fortalezas de Arica mediante asalto. Los soldados de la división a cargo de este último sólo contaban con ciento cincuenta tiros cada uno, por lo cual el coronel Lagos optó por una acción de sorpresa y con un intensivo uso de la bayoneta. Ya había enviado una compañía del regimiento Buin en guerrilla hacia los fuertes del bajo, con el propósito de que Bolognesi creyera que el ataque chileno sería por esa zona, cuando en realidad la intención de Lagos era atacar los fuertes de arriba. Por eso el jefe peruano destinó nuevas fuerzas a los primeros fuertes, las que provinieron de los segundos, los cuales permanecieron más indefensos.

Por su parte, en la noche del 6 de junio las tropas chilenas se trasladaron en silencio hacia la retaguardia de los fuertes del Morro: el regimiento 3º de Línea se situó cerca del “Ciudadela”, mientras que el 4º de línea hizo lo mismo respecto al fuerte del “Este”; en cuanto al regimiento Buin, quedó en la reserva, con el fin de que una vez que las dos mencionadas fortificaciones fueran tomadas, avanzaría junto con los anteriores cuerpos hacia el fuerte del “Morro”.

La prensa chilena de la época daba cuenta de estos movimientos, con un tono bastante épico :

“Nuestros soldados avanzaban, por lo tanto, con toda la previsión imaginable, pero al mismo tiempo con todo el deseo de estrecharse cuanto antes con el enemigo. Así, habían avanzado rápidamente terreno, y ya antes que aclarase, tanto el Buin como el 3º y el 4º se encontraban a solo 2.500 metros del fuerte Ciudadela, es decir, dentro del alcance de sus cañones. […] Allí quedó estacionado el pobre Buin, listo para prestar apoyo al que lo necesitase y viendo alejarse con envidia a los cuerpos que debían entrar desde luego en acción.” 2

Cuando en la madrugada del día 7 de junio los soldados del 3º de Línea se acercaron al fuerte “Ciudadela”, fueron sentidos por la guarnición de este recinto, por lo que sus defensores hicieron fuego contra los atacantes. Los chilenos llegaron hasta las murallas hechas con sacos de arena, los que fueron abiertos y lograron penetrar dentro de este fuerte. En esta situación las minas estallaron dos veces, causando una gran mortandad de hombres, lo cual enardeció aun más a los atacantes, quienes pasaron a cuchillo a los soldados peruanos. Algo parecido ocurrió cuando el regimiento Nº 4 atacó el fuerte “Este”, logrando también los chilenos romper los sacos con sus cuchillos y penetrar en esa fortaleza. Respecto a los fuertes que se encontraban en la orilla del mar, sólo contaban con sus respectivas dotaciones de artilleros, ya que la división que Bolognesi había enviado para defenderlos regresó hacia los fuertes del alto. El batallón Lautaro se desplegó en guerrillas, pero la resistencia peruana fue débil. De esta forma, solo faltaba tomar el fuerte del “Morro”.

La tropa del 4º de Línea no esperó al regimiento Buin según las órdenes impartidas y se dirigió hacia el último fuerte; en el camino se le unió la tropa del 3º. Los chilenos lograron llegar a las primeras trincheras sorteando hábilmente las minas que estaban bajo el suelo y pudieron forzar todas las líneas, una tras otra, hasta llegar a las puertas del fuerte del “Morro”. Invadieron este recinto y como Bolognesi vio que la resistencia ya era imposible, ordenó suspender los fuegos; sin embargo, aquellos continuaron disparando, llegando hasta el lugar mismo donde se hallaban los jefes peruanos. Resultaron muertos el coronel Bolognesi y el capitán de navío Juan Moore. Cuando la bandera chilena comenzó a ondear en el fuerte del “Morro”, el capitán del monitor “Manco Capac” ordenó abrir sus válvulas para que este buque se hundiera. Las demás embarcaciones menores que había en el puerto huyeron en distintas direcciones.

En unos cincuenta y cinco minutos los regimientos chilenos lograron la meta de clavar la bandera en el Morro de Arica. Por otra parte, en la plazoleta de la población, un grupo de soldados pertenecientes a los batallones peruanos Iquique y Tarapacá fueron fusilados.

En esta acción de guerra, las bajas peruanas fueron entre 700 y 750 hombres, mientras que los chilenos tuvieran cerca de 470 hombres, entre muertos y heridos.

Nuevamente, tanto peruanos como chilenos se batieron con denuedo y los primeros dejaron un memorable recuerdo de valor, simbolizado sobre todo en la figura del coronel Francisco Bolognesi. Entre los chilenos, sobresalió la persona de Pedro Lagos como el conductor de esta increíble operación y también el sacrificio del comandante Juan José San Martín (y de muchos otros militares chilenos), quien dio su vida en el campo de batalla.

Con esta acción de guerra terminaba la campaña que tuvo lugar en los departamentos peruanos de Moquegua, Tacna y Arica, la que constituyó un enorme esfuerzo para las tropas y las autoridades chilenas, tanto civiles como militares: en fin, para un país entero. Así lo describe Gonzalo Bulnes:

“La campaña del departamento de Moquegua es la más gloriosa de la guerra del Pacífico. Fue un gran esfuerzo administrativo dominar el desierto de Ilo a Tacna, y hacer marchar por él catorce mil hombres, encontrando en su oportunidad el alimento, la bebida, la leña, las municiones, etc. Sólo una gran voluntad, una consagración patriótica indecible pudo realizar eso sin mayores inconvenientes que los que se presentaron en la práctica.”3.

Por
Eduardo Arriagada Aljaro.
Historiador PUC.
Academia de Historia Militar

Notas al pie:

[1] Gonzalo Bulnes, Guerra del Pacífico. De Tarapacá a Lima. Tomo Valparaíso, Sociedad Imprenta y Litografía Universo, 1914, página 360.

[2] Relación de un corresponsal al director de “El Mercurio”, Arica, 7 de junio de 1889; en Pascual Ahumada Moreno, Guerra del Pacífico. Tomo III. Santiago, Editorial Andrés Bello, 1982, página 194.

[3] Gonzalo Bulnes, Guerra del Pacífico. De Tarapacá a Lima. Tomo Valparaíso, Sociedad Imprenta y Litografía Universo, 1914, página 390.