COMBATE DE MATUCANA

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Martes, 18 Septiembre, 1838

18 de Septiembre de 1838

Extraído de las Memorias de Antonio Barrena Lopetegui.

“Pero, antes de continuar, voy a referirme a lo que ocurrió el 18 de septiembre de 1838, lo cuál he guardado expresamente por los motivos que vamos a apreciar.

Ese día la guarnición peruana que había en El Callao, provista de mucho armamento, acometió nuestras avanzadas valientemente. Nuestras tropas sostuvieron el ataque desde las 7 A. M., hora en que fue rechazada, a pesar de que desde la Fortaleza nos hicieron al mismo tiempo más de 200 tiros de cañón. Perdimos 3 soldados del Portales, uno del Carampangue y quedaron tres heridos del Aconcagua. Tan pocas bajas debían haber sido muchas más, acusando la mala disciplina del soldado peruano.

Al mismo tiempo que los peruanos que pretendían empañar las glorias de ese día tan significativo para todo chileno, dando un golpe a las tropas sitiadoras, avanzadas del ejército de Santa Cruz siguieron igual propósito dando lugar al Combate de Matucana.
Encontrándose el general Miller a la cabeza de montoneros en los alrededores de Matucana, pueblo cercano a Lima, para preparar el camino al grueso del ejército de Santa Cruz o para mantenerlos en estado de alerta en forma indefinida, afectando la capacidad combativa de los invasores, se enviaron algunas Compañías del Batallón Santiago para tomar posesión de aquél lugar lo que se obtuvo fácilmente.

Sin temor a enemigos que en ese momento se encontraban en las inmediaciones , la mayoría de los soldados del Santiago acudieron a la Iglesia de Matucana, a la celebración de un Te Deum en recuerdo del glorioso 18 de septiembre de 1810, día de la Independencia Nacional; permaneciendo las armas en pabellones en la plaza y los centinelas y guardias de pabellones en sus puestos.

Pero la voz de – ¡el enemigo! – interrumpió la ceremonia, los soldados se precipitaron sobre los fusiles y los oficiales organizaron la defensa. El enemigo, que no eran los montoneros, en 50 horas había hecho una jornada de 30 leguas para dar la sorpresa. En conocimiento de todas las circunstancias y del abandono de los fusiles en la guarnición.

El combate se gestó entre 270 soldados chilenos y 500 escogidos de las tropas boliviana, siendo estos últimos obligados a ceder paso a paso las calles del pueblo, hasta que se dispersaron en completa derrota. Quien mandaba las tropas bolivianas era el acreditado general Otero, y a la cabeza de las nuestras el general Torrico que hizo el triste papel de derrotado victorioso, pues echó a correr en los primeros momentos para presentarse una vez terminada la función.

Esta batalla no debería llevar tal adjetivo, sino el de combate que fue extraordinariamente celebrado en Lima, tanto porque convenía hacer resaltar nuestra superioridad sobre el enemigo. El Batallón Santiago era de reciente formación y sus soldados eran todos reclutas, siendo ambos motivos coincidentes en estimular el orgullo y afán de superación de todo el Ejército Restaurador.”[1]

Nota al pie:
[1] Molina Hernández, Jorge Javier. “Vida de un soldado. Desde la toma de Valdivia a la victoria de Yungay. Investigación y edición de los manuscritos de Antonio Barrena Lopetegui.” RIL Editores. 1ª edición. Santiago de Chile, 2009. pp. 204 - 207.