BATALLA DE RANCAGUA

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Sábado, 1 Octubre, 1814

*Imagen: Obra "Batalla de Rancagua", de Fray Pedro Subercaseaux Errázuriz. circa 1916.*

1 y 2 de Octubre de 1814

En el contexto de las campañas de la Independencia de Chile, más exactamente en el plano de la campaña del año 1814 y en el mes de septiembre de dicho año, la Junta Gubernativa hacía esfuerzos por subsanar el lamentable estado militar del país, pero sin conseguir mayores resultados. Era necesario cerrar el camino hacia Santiago a las tropas del coronel Mariano Osorio, para lo cual se barajaban algunas posibilidades de lugares que podían ser defendidos. Finalmente, las autoridades optaron por la proposición del brigadier Bernardo O’Higgins de ocupar y defender la población de Rancagua, para lo cual se le asignó una división de 1.155 hombres. Por otro lado, el general en jefe, José Miguel Carrera, asignó a su hermano Juan José otra división compuesta de 1.861 efectivos y una tercera a su otro hermano Luis, conformada por 915 soldados. Las tres divisiones debían defender los vados que al comienzo de la primavera ofrecía el río Cachapoal, los que podían ser utilizados por las fuerzas realistas.

Osorio y sus hombres habían partido de Talca el 15 de septiembre y llegaron a ocupar San Fernando. Para entonces y en las inmediaciones del río Cachapoal, ya iban tomando lugar los primeros combates entre las avanzadas realistas y las partidas que O’Higgins enviaba desde el otro lado del río. Esto último obligó a los patriotas a extender aún más la línea de defensa que corría paralela a ese curso de agua. Por otro lado, Osorio recibió comunicaciones del Virrey del Perú, Fernando de Abascal, en las cuales le pedía que, si todavía no lograba consumar la reconquista de Chile, procurara llegar a un arreglo con los insurgentes y que partiera al Perú con sus efectivos, debido a que el virreinato estaba pasando por una delicada situación militar. Osorio consultó a sus jefes y oficiales en una junta de guerra, y aquellos le hicieron ver el pronto desenlace de la campaña en Chile, el cual sería favorable a las armas del Rey. Se acordó continuar la campaña y enviar una comunicación al general en jefe patriota, intimándole rendición y proponiendo un final aceptable para toda aquella campaña. Sin embargo, esta proposición estaba escrita en términos más bien arrogantes y fue rechazada por Carrera, quien tenía una excesiva confianza en sus recursos humanos y logísticos.

El día 30 de septiembre, Osorio dio descanso a sus hombres en la hacienda de Requínoa y a las nueve de la noche puso en movimiento a su ejército, el cual se dirigió a uno de los vados del río Cachapoal que se hallaba menos defendido por los patriotas. La luna llena permitió efectuar el paso del río sin mayores dificultades y, al amanecer, ya toda la división de Osorio se encontraba en la ribera norte de dicho curso de agua. O’Higgins tuvo conocimiento de esta operación de parte del enemigo y envió una comunicación a José Miguel Carrera para que ordenara la marcha de una de las divisiones patriotas, destinada a defender el mencionado vado; sin embargo, sólo en la mañana siguiente el general en jefe patriota se desplazó con sus tropas desde Mostazal y hacia los Graneros del Conde, situados a dos leguas y media de Rancagua.

En la mañana del sábado 1º de octubre, la claridad permitió a los patriotas darse cuenta de su crítica situación y O’Higgins tuvo noticia de que la división comandada por Juan José Carrera había ocupado en forma desordenada la población de Rancagua, por lo cual resolvió dirigirse con sus hombres a dicha plaza. Dentro de esta última y aprovechando la configuración especial que las cuadras tenían alrededor de la plaza de armas, O’Higgins dispuso la construcción de trincheras en las cuatro calles que llegaban a la mencionada plaza, mientras que las casas adyacentes fueron convertidas en reductos. Las tropas patriotas reconcentradas en dicha plaza alcanzaban a unos mil setecientos hombres. O’Higgins tomó el mando de estos efectivos y continuó preparando la defensa de la población. Osorio y sus hombres llegaron a la villa, y sus divisiones ocuparon los puntos designados, con el fin de penetrar por las cuatro calles que daban entrada a la plaza. Eran las diez de la mañana y los jefes realistas decidieron atacar las trincheras patriotas.

Con cortas diferencias de tiempo, comenzó el combate en las cuatro calles que desembocaban en la plaza, destacando el desarrollado en la calle del sur (llamada de San Francisco), por donde atacó la división comandada por el coronel Rafael Maroto; sin embargo, los patriotas resistieron en forma notable y lograron resistir las embestidas de los realistas. Este primer ataque duró más de una hora y el combate se suspendió por otras dos. Para entonces los realistas tenían la posesión de toda la villa de Rancagua, exceptuando el recinto formado por las trincheras patriotas. Aquellos aprovecharon de construir sus propios parapetos y renovaron el combate a las dos de la tarde, protegidos ahora por sus nuevas defensas. Este nuevo asalto duró también dos horas y a las cuatro de la tarde nuevamente los realistas se retiraban detrás de sus parapetos. Cuando ya se ocultaba el sol, aquellos emprendieron un nuevo ataque, el tercero y último de este día, el cual tampoco produjo mayores resultados.

Durante la noche no ocurrieron mayores enfrentamientos, pero los realistas estaban muy quebrantados por la inesperada resistencia patriota y el mismo Osorio pensó en abandonar el sitio; pero esto último suponía un grave riesgo para sus efectivos, por lo cual se decidió continuar con el asedio. Por su parte, los patriotas se hallaban en una situación angustiante y O’Higgins decidió enviar un mensaje al General en Jefe, pidiendo el auxilio de la tercera división que aquel comandaba. José Miguel Carrera había sentido los ruidos de los fuegos que provenían de la villa de Rancagua y tomó ciertas disposiciones que no surtieron un mayor efecto. Cuando recibió al emisario que traía el mensaje de O’Higgins, contestó diciendo que el auxilio llegaría en la mañana del domingo 2 de octubre. La misma persona llegó con la contestación de Carrera como a las dos de la mañana de ese día, lo cual dio ánimos a O’Higgins y sus hombres.

Al amanecer de este día los realistas reanudaron el ataque, el cual nuevamente fue rechazado; vino otro como a las diez de la mañana, pero no fue más afortunado. Los patriotas notaron la grave disminución de sus recursos humanos y materiales; pero a las once de la mañana uno de sus vigías avisó acerca del acercamiento de la tercera división patriota a la villa de Rancagua, lo cual causó confusión entre los realistas. El coronel Luis Carrera encabezaba la infantería que se acercó a la villa por el norte, donde comenzaron nuevos tiroteos. Eran las once y media de la mañana, y la victoria patriota parecía inminente; sin embargo, la tercera división, compuesta principalmente por milicianos de caballería, terminó siendo desorganizada y dispersada. No obstante lo anterior, continuó la resistencia patriota y a la una de la tarde los sitiadores iniciaron un nuevo ataque, el cual volvió a ser rechazado. Para entonces, los soldados de O’Higgins, luego de treinta horas de combate, estaban reducidos a la mitad.

Los realistas enviaron un parlamentario intimando rendición, pero fue rechazado. Ya eran más de las tres de la tarde y Bernardo O’Higgins ordenó conformar una columna a caballo, compuesta de unos quinientos hombres, la cual debía abrirse paso entre los sitiadores. Como un ardid, los patriotas enviaron primero las mulas que tenían para el transporte de los bagajes y de la artillería, con el fin de provocar confusión entre los enemigos. Y a continuación vino la carga patriota, en la cual más de cien soldados resultaron heridos, o prisioneros.

Entonces los realistas penetraron a la plaza por todos lados, donde cometieron destrozos, mataron a los heridos que quedaban en las trincheras patriotas, ultrajaron a mujeres, y agredieron a niños y ancianos. Ni siquiera las iglesias de la población, adonde se habían refugiado numerosas personas, fueron respetadas. De todas maneras, tanto Osorio como algunos de sus jefes intentaron contener a sus hombres. La villa de Rancagua estaba en buena parte incendiada, destruida y cubierta de cadáveres. De esta forma terminaba la jornada de guerra que duró dos días.

Por
Eduardo Arriagada A.
Historiador PUC
Magíster en Historia Militar y Pensamiento Estratégico

BIBLIOGRAFÍA:

1. Diego Barros Arana, Historia General de Chile. Tomo IX. Santiago, Rafael Jover (Editor), 1888, páginas 547 – 577.