EPISODIOS DE LA HISTORIA MILITAR EN LOS VERANOS DE CHILE

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Jueves, 30 Enero, 2014

Eduardo Arriagada Aljaro
Academia de Historia Militar

Durante los meses de enero y febrero, la mayor parte de los chilenos están concentrados en sus días de vacaciones, mientras que tanto las oficinas estatales como muchas empresas privadas entran en un período de menor actividad. Las calles de nuestra capital se vuelven muy expeditas, y Santiago aparece como una ciudad muy plácida y tranquila. Se podría decir que esta fue la tónica a nivel nacional durante el siglo XX y hasta la actualidad. Sin embargo, si uno escudriña en nuestra historia durante los siglos coloniales y durante el siglo XIX, da la impresión de que los meses de verano no siempre fueron tan plácidos.

Una de las causas de este último fenómeno radica en que, afortunadamente, durante el siglo XX nuestro país no conoció guerras ni campañas militares (aunque sí experimentó movilizaciones militares); pero esto último no puede aplicarse al período comprendido entre los siglos XVI y XIX. Hay que recordar que durante esta larga coyuntura Chile era una país de economía predominantemente agrícola, mientras que sólo en sus últimas décadas nuestro país comenzó su proceso de industrialización. Debido a que no se contaba con la tecnología industrial y militar moderna, era normal que las campañas militares se desarrollaran en verano. Esto último no sólo fue propio de nuestro país, sino de toda la época preindustrial, tanto en Europa como en buena parte del mundo.

Se puede decir que la guerra acompañó nuestro acontecer histórico hasta el siglo XIX y, cuando se revisan las principales efemérides de nuestra historia militar, sorprende la cantidad de acciones de guerra que tuvieron lugar en los meses de enero y febrero, incluyendo algunas que son muy emblemáticas, debido a que fueron batallas decisivas, o a que fueron de gran magnitud en cuanto al contingente de hombres que participaron en ellas.

Si se toma a la historia militar en su versión de historia de hechos de armas, para el caso chileno aquella se puede ordenar en cuatro ejes.

Una primer eje corresponde a un fenómeno de muy larga duración y que constituyó la guerra en la Frontera araucana. Este conflicto comenzó con la llegada de la hueste de Pedro de Valdivia al sur de nuestro país y se prolongó durante todo el período colonial (si bien en la segunda mitad del siglo XVII y durante todo el siglo XVIII, esta guerra estuvo muy aminorada, no dejó de estar latente), llegando hasta el siglo XIX (en cuya segunda mitad se reactivó fuertemente, debido al comienzo de las campañas de la Incorporación de la Araucanía).

Un segundo eje corresponde a nuestra Guerra de Independencia, la cual tiene características propias, ya que implicó nuestra salida del dominio de la Monarquía española y el comienzo de nuestra vida republicana.

El tercer eje se refiere a las guerras internacionales que enfrentó nuestro país durante el siglo XIX y que se inscriben en el contexto bélico latinoamericano de esa centuria, el cual se explica por el ajuste en las fronteras que hubo entre los nuevos Estados americanos (debido que los límites políticos heredados del Imperio español eran muy inexactos y tales límites habían sido escogidos por los nuevos estados para configurar sus territorios). En este eje destacan tres grandes campañas: la Guerra contra la Confederación Peruano – Boliviana (1836 – 1839), la Guerra contra España (1865 – 1866) y la Guerra del Pacífico (1879 – 1884).

El cuarto y último eje corresponde a las conmociones de carácter interno que sacudieron nuestra vida republicana decimonónica, las que se inscribieron en la larga pugna que se dio durante este siglo en nuestro país, entre liberales y conservadores, pero que terminó siendo un forcejeo entre quienes defendían la primacía del Poder Ejecutivo sobre el Poder Legislativo dentro de nuestra institucionalidad política, y aquellos que sostenían el predominio del segundo por sobre el primero. Este eje se tradujo en cuatro campañas: la Guerra Civil de 1829 – 1830, la Revolución del año 1851, la Revolución de 1859 y la Guerra Civil de 1891.

Se puede decir que estos cuatro ejes están presentes en la historia militar chilena durante los meses de enero y febrero, debido a que, como Chile era un país de economía preindustrial, eran los meses ideales para movilizar contingentes de hombres y para efectuar operaciones militares, debido a las condiciones climáticas adecuadas. Pero también, por otra parte, la movilización de dichos contingentes se contraponía con la necesidad de mano de obra para las actividades agrícolas, lo que nos lleva a una reflexión sobre el valor de los objetivos políticos que daban sentido a las guerras. Por cierto, en la historia de nuestro país se identifican diversos períodos en que la defensa del territorio y de su población tuvo que ser superpuesta a la producción de los campos.

Vamos por partes.

En el caso de la larga guerra en la Frontera Araucana, tenemos los siguientes hechos de armas ocurridos en los meses de enero y febrero, los cuales corresponden a los más importantes (ya que tuvieron lugar varios otros más):

- En el marco del período colonial, más exactamente en el siglo XVI, tenemos el combate de Quilacura (20 de febrero de 1546), el combate de Andalién (22 de febrero de 1550), la batalla de Marigueñu (27 de febrero de 1554), la destrucción de Concepción (28 de febrero de 1554), el combate de Cayucupil (20 de enero de 1558), el asalto y combate de Cañete (30 de enero de 1558), la derrota de Catiray (febrero de 1563), la acción de Itata (15 de enero de 1564), el combate de Vegas de Andalién (22 de enero de 1564), la batalla de Catiray (7 de enero de 1569), el ataque al fuerte de San Felipe de Austria, en Arauco (16 de enero de 1599), el combate en Santa Cruz de Oñes (7 de febrero de 1599), el combate de Carampangue (11 de febrero de 1599) y el combate de Angol (23 de febrero de 1599).

- Manteniéndonos dentro del período colonial, pero pasando al siglo XVII figuran la destrucción de Villarrica (7 de febrero de 1601), el ataque a Purén, (23 de febrero de 1613), el combate de Nacimiento (28 de febrero de 1628), el combate de Picolhué (24 de enero de 1630), la batalla de La Albarrada (13 de enero de 1631), el combate de Río Bueno (11 de enero de 1654), el alzamiento general indígena (a partir del 14 de febrero de 1655), el combate de Santa Juana (18 de febrero de 1655) y el combate de Molino del Ciego (14 de enero de 1657).

- Por otra parte, para el siglo XIX y en el contexto de las campañas de Incorporación de la Araucanía a la soberanía chilena, están el encuentro del fuerte de Huequén (28 de enero de 1869), el ataque a la plaza de Collipulli (25 de enero de 1871), el asalto de la plaza de Traiguén (27 de enero de 1881), el ataque al fuerte de Collipulli (enero de 1881) y el asalto del fuerte de Los Sauces (enero de 1881), entre otras acciones de guerra.

Para el caso de las campañas de nuestra Independencia, los hechos de armas más destacados de estos meses son los siguientes:

- En el contexto de las campañas de la Patria Vieja, tenemos el combate de Cucha Cucha (23 de febrero de 1814).

- Dentro del período de la Patria Nueva figuran la partida del Ejército de los Andes desde Mendoza (a partir del 18 de enero de 1817 y durante los días siguientes), la batalla de Chacabuco (12 de febrero de 1817) y el desembarco de la expedición realista al mando del general Mariano Osorio, y la toma de Concepción (a partir del 5 de enero de 1818 y durante los días siguientes).

- En el contexto de las campañas de la Incorporación de Chiloé a la soberanía chilena aparecen el Asalto al fuerte de Agüi (18 de febrero de 1820), el bombardeo de los fuertes de Ancud (11 de enero de 1826), el combate de Poquillihue (14 de enero de 1826), el combate de Pudeto (14 de enero de 1826), el combate de Bellavista (14 de enero de 1826) y la conquista de Ancud (14 de enero de 1826).

- Por último, dentro de las campañas en el sur del país se presentan el combate de Santa Juana (21 de febrero de 1819), la Toma de la plaza de Valdivia (3 y 4 de febrero de 1820), el combate de Lumaco (12 de enero de 1821), la acción de Topocalma (1º de febrero de 1822), la acción de Tucapel (21 de febrero de 1824), la acción de Neuquén (25 de febrero de 1826), el combate de Neuquén (2 de febrero de 1827) y el combate de Coyahuelo – Lagunas de Pulán o Epulafquén (14 de enero de 1832).

Escudriñando en las guerras internacionales sostenidas por nuestro país durante el siglo XIX, encontramos las siguientes acciones de guerra como las más significativas que ocurrieron en estos meses en cuestión:

- En el contexto de la Guerra contra la Confederación Peruano – Boliviana tenemos el combate del Puente de Buin (6 de enero de 1839), el combate naval de Casma (12 de enero de 1839) y la batalla de Yungay (20 de enero de 1839).

- Dentro de la Guerra contra España figura el combate naval de Abtao (7 de febrero de 1866).

- Por último, en el contexto de la Guerra del Pacífico, aparecen la Ocupación de Antofagasta (14 de febrero de 1879), el combate de Calama (23 de febrero de 1879), la batalla de Chorrillos (13 de enero de 1881) y la batalla de Miraflores (15 de enero de 1881).

Indagando en los conflictos internos que ha tenido nuestro país durante el siglo XIX, hallamos los siguientes hechos de armas que también ocurrieron en los meses de enero y febrero:

- En el contexto de la Revolución de 1851 tenemos el combate de Linderos de Ramadilla (8 de enero de 1852).

- Dentro de la Revolución de 1859 están el Sitio de Talca (entre los días 19 de enero y 28 de febrero de 1859), la Asonada de Concepción (2 de febrero de 1859), el sitio y la toma de San Felipe (28 de febrero de 1859) y la Asonada de Valparaíso (28 de febrero de 1859).

- En el contexto de la Guerra Civil de 1891 figuran el combate de Zapiga (21 de enero de 1891), el combate de Alto Hospicio (23 de enero de 1891), el combate de Punitaqui (24 de enero de 1891), el combate y la toma de Pisagua (6 de febrero de 1891), el combate de Dolores o San Francisco (15 de febrero de 1891), el combate de Huara (17 de febrero de 1891) y el combate de la Aduana de Iquique (19 de febrero de 1891).

Como se puede apreciar, los meses de enero y febrero están quizás entre los más ricos en cuanto a las efemérides que componen la historia militar chilena. Lo interesante es que varios de estos hechos de armas tuvieron el carácter de decisivos, o también de acciones finales, que permitieron decidir o terminar determinadas campañas, e incluso una guerra completa (pensar tan sólo en los casos de las campañas de la Incorporación de Chiloé, de las campañas en el sur del país durante la Independencia, de la Guerra contra la Confederación Peruano – Boliviana, de la Revolución de 1851, de la Revolución de 1851 y de la Guerra del Pacífico).

Para nuestros ascendientes del período colonial y del siglo XIX no se trataron precisamente de meses de descanso, sino de mucha actividad destinada, primero, a consolidar la soberanía sobre el territorio del Reino de Chile en el marco del Imperio Español en América; y, segundo, a consolidar y a precisar la soberanía sobre el nuevo territorio de la flamante República de Chile. Esta labor de larga duración no fue en vano, ya que, como se afirmó más atrás, luego vino un siglo XX en el cual nuestro país no experimentó guerras, pero sí una relativa paz que ha durado hasta el día de hoy. En el fondo, la tarea militar que realizaron nuestros antepasados contribuyó significativamente a que hoy podamos darnos unas merecidas vacaciones en estos meses en cuestión. Si ellos hicieron tanto por la construcción de nuestro país, ¿qué podemos nosotros hacer hoy por Chile?