JUSTO ESTAY, BAQUEANO

Formulario de búsqueda

Viernes, 28 Febrero, 1817

JUSTO ESTAY, BAQUEANO

*En la imagen, San Martín en el Cruce de los Andes.*

1817 fue sin duda el año en que todas las preparaciones para lograr la independencia de Chile se pusieron a prueba. Durante los años que mediaron entre 1814 y 1817, periodo conocido como Reconquista Española, se preparó al otro lado de los Andes bajo la dirección de José de San Martín, un ejército que sería crucial en la consecución de este objetivo, cuya meticulosa organización involucró la gestión una extensa red de recursos pocas veces vista. En enero de 1817 esta maquinaria militar inició el cruce por las montañas y tras llegar a Chile en febrero de aquél año, presenta batalla en Chacabuco el día 12, logrando una importante victoria para la causa independentista, que se consagraría en la victoria de la batalla de Maipo al año siguiente, en abril de 1818, cuando la libertad de Chile fue sellada de manera definitiva.

La organización del Ejército de Los Andes requirió de toda la agudeza mental de José de San Martín, probado oficial y a la sazón gobernador de la provincia de Cuyo, quien dispuso de todos los medios necesarios para conseguir los objetivos dispuestos. Fue esta característica la que le permitió coordinar las desafiantes aristas y dificultades que implicó la organización de aquella fuerza militar. Conseguir información actualizada de lo que ocurría en Chile durante los años de Reconquista era sin duda una necesidad crucial que no podía desatenderse, pues de ello dependía el éxito de la misión.

El despliegue de espías a uno y otro lado de la cordillera, que asegurase la fidelidad de las noticias y de sembrar las dudas necesarias en los enemigos, fue el medio del cuál se valieron los patriotas para conseguir la información que necesitaban. Estos hombres se valieron de sagaces artimañas para conseguir sus objetivos, muchas veces arriesgando sus vidas y dando origen a leyendas que quedaron en el ideario popular. Conocidas son las anécdotas de quienes fungieron como espías, tales como Manuel Rodríguez, Miguel Neira Mondaca (el bandido Neira), o José Antonio Álvarez Condarco, cuya buena memoria y buen juicio fueron aprovechados por San Martín para que llevase cartas suyas al gobernador español Casimiro Marcó del Pont, y aprovechase de trazar y reconocer la ruta más adecuada por los cruces cordilleranos; pero también deben considerarse a aquellos arrieros anónimos que del mismo modo contribuyeron con sus conocimientos a la causa patriota.

Uno de estos arrieros que cobra especial relevancia, sobre todo justo antes de la Batalla de Chacabuco, es don Justo Estay, “a quien San Martín consideraba el más fiel y el más inteligente de sus exploradores”[1] . Este era un hombre de pocas palabras, pero un sagaz observador y muy prudente, de una sencilla apariencia que le permitía mimetizarse en el paisaje y entre la población, dotes de un buen espía cuyos servicios fueron plenamente aprovechados por la causa patriota, tanto a un lado como al otro de Los Andes. “En Cuyo Justo Estay era muy importante, del otro lado podía pasar como un paisano más, y entonces podía abrir bien los ojos y los oídos y enterarse de lo que ocurría para después, de este lado, contar”[2] . A él le corresponde buena parte de las glorias de Chacabuco; así solía reconocerlo San Martín con posterioridad, tal como se indica en las notas de la obra de Barros Arana.[3]

¿Cómo pudo un baqueano influir tanto en el desenlace de una victoria como la ocurrida el 12 de febrero? A doscientos años de ocurridos estos hechos, no podemos dejar de señalar su acertada intervención antes de la batalla.

San Martín cruzó las montañas junto con el Ejército, llegando a Chile a principios de febrero, de 1817, de manera tal que el día 11 se encontraba asentado en Curimon junto con sus tropas, en espera del momento propicio para continuar viaje hacia Santiago. El general “tenía resuelto no empeñar acción alguna antes del 14 de febrero. Sin embargo, las noticias que comenzaban a traerle los agentes que había despachado para observar los movimientos y aprestos del enemigo, debían obligarlo a cambiar de plan.”[4] Las más importantes que le llegaron fueron precisamente las que don Justo Estay trajo de la capital.

El arriero también habría cruzado la cordillera con el Ejército de los Andes, pero ni bien llegaron a Chile, partió a Santiago sin mayor demora. Allí pasó dos días recopilando toda la información de la que podía echar mano, sin que nadie sospechara de un simple hombre como él. Cuando consideró haber visto suficiente, abandonó la ciudad tan discretamente como había llegado y el día 11 de febrero, a eso de las tres de la tarde, apareció en el campamento de Curimon con noticias para San Martín, quien sin demora lo atendió.

Es que sus noticias eran relevantes para tomar una decisión y por ello San Martín lo escuchó con atención. Durante su estadía en Santiago, Estay fue testigo de la alarma que reinaba en la capital, contándole además que el territorio entre el Cachapoal y el Maule estaba sublevado. Las tropas realistas se movían hacia la capital para marchar luego desde allí hacia Aconcagua. Él mismo había visto cuando las tropas salían de la ciudad. Es más, hasta había visto salir de la ciudad al mismísimo brigadier Rafael Maroto junto a dos de sus ayudantes la noche anterior, en dirección a Chacabuco.

Estay pudo contar a los soldados, ver el estado de sus equipos, qué tipo de armamento llevaban y en qué condiciones e incluso, como pudo verles las caras, pudo informar qué ánimo llevaba la tropa. Gracias a los datos por él proporcionados, pudieron contabilizar las fuerzas enemigas que se estaban reuniendo en Chacabuco no eran mayores de dos mil efectivos, pero que otros destacamentos que marchaban desde el sur, se estaban juntando en Santiago y que unirían fuerzas con la mayor celeridad posible, “de manera que antes de dos días el ejército realista establecido en aquel lugar, podría poner en línea de batalla más de tres mil soldados.”[5]

Era el momento de actuar. La información dada por don Justo Estay no hizo sino confirmar los reportes previos que San Martín había estado recibiendo y supo en ese instante que no podía demorar la batalla hasta el día 14. Inmediatamente tomó acciones, reunió a sus oficiales para comunicarles las noticias y ordenó pasar revista a las tropas a las seis de la tarde. A la medianoche, y tras un descanso, marcharían rumbo a Chacabuco.

El 12 de febrero de 1817 el Ejército de los Andes se presentó en el campo de batalla.

Aquél día vencieron.

Carolina Herbstaedt M.
Lic. en Historia UAI
Academia de Historia Militar

NOTAS AL PIE:
1. Barros Arana, Diego. “Historia General de Chile. Tomo X,” Rafael Jover Editor. Santiago, 1889. p. 593.
2. Diario Jornada. “Los Hombres de San Martín. Justo Estay: Traductor de Paisajes” Edición especial del 22 de marzo de 2013. Mendoza, Argentina. p. 2
3. Barros Arana. Op. Cit. Revisar las notas al pie. p. 594
4. Barros Arana. Op. Cit. p. 592
5. Ídem. p. 594