BATALLA DE QUECHEREGUAS

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Viernes, 8 Abril, 1814

8 y 9 de abril de 1814.

*En la imagen, Recreación de la Batalla de Quechereguas en la municipalidad de Molina. Fuente: Google Imágenes.*

Las hostilidades de la Guerra de Independencia de Chile formalmente se iniciaron con la llegada a Talcahuano de la expedición realista comandada por Antonio Pareja el 26 de marzo de 1813, compuesta en su mayor parte por locales previamente reclutados en Chiloé y Valdivia. Su presencia correspondió al deseo del virrey del Perú de derrocar a la junta gubernativa de Santiago y suprimir las medidas adoptadas por la administración de José Miguel Carrera, las que paulatinamente apuntaban a establecer el gobierno soberano y autónomo de la nación. Una vez enterados del desembarco y avance de la fuerza realista hacia la capital, las autoridades santiaguinas conformaron un ejército nacional para la protección de sus intereses y nombraron general en jefe al propio José Miguel Carrera. La actividad de esta institución patriota logró inicialmente hacer retroceder al ejército realista de vuelta a Chillán, pero el infructuoso cerco de esta ciudad y las pobres decisiones operativas de su comandancia estancaron su progreso. Para la llegada del nuevo año, la guerra se halló concentrada principalmente en la provincia de Concepción y ninguno de los contendientes había obtenido una victoria decisiva.

Tras el sitio de Chillán, el grueso del ejército patriota se resguardó en la ciudad de Concepción, sufriendo grandes penurias durante su estadía. Varias pequeñas partidas realistas mantuvieron a la localidad incomunicada con la capital e imposibilitada de recibir los socorros que urgentemente le solicitaba a la junta gubernativa, replicándose esta situación en el escenario marítimo cuando Talcahuano fue bloqueado por buques realistas el 6 de febrero de 1814. La falta de víveres y otros requisitos básicos exacerbaron la indisciplina entre las filas, compuesta principalmente por individuos ajenos a la carrera de las armas y pobremente instruidos para soportar largas campañas. La firmeza de la tropa recayó principalmente en la oficialidad que la comandaba, pero incluso ella no estaba ajena a la insubordinación y querellas internas.

La cizaña que plagó al liderazgo del ejército patriota giró principalmente en torno a la figura de José Miguel Carrera, cuyo favoritismo por sus familiares, el creciente número de desairados por su administración política y los errores en la conducción militar hicieron a muchos dudar si era el personaje más idóneo para comandar la empresa. Las disputas internas no se detuvieron cuando la dirección del ejército finalmente recayó en la figura de Bernardo O’Higgins el 9 de diciembre de 1813, coexistiendo aquellos que quisieron eliminar la influencia de los Carrera y aquellos que sospecharon de la capacidad del nuevo general en jefe. A todo ello, el atraso en el pago de los salarios para las tropas logró propagar el descontento a todos los cuadros del ejército.

El ejército realista, por otro lado, mantuvo su cuartel general en la ciudad de Chillán y tuvo que hacerle frente a una realidad distinta. El 24 de agosto de 1813, poco después de haber terminado el asedio, los realistas de la ciudad de Arauco se sublevaron exitosamente contra las autoridades patriotas locales y lograron extender el dominio realista firmemente por todos los poblados al sur del río Biobío. Mucho más importante, el control sobre el puerto de Arauco les concedió a las tropas del rey el predominio sobre el mar, permitiéndoles desbaratar las operaciones marítimas de los patriotas, mantener las comunicaciones con el Perú y recibir los socorros necesarios. Al mismo tiempo, la oficialidad sarracena logró sobreponerse a sus diferencias y acató fielmente la dirección de su comandancia, a pesar de los reparos que algunos tuvieron respecto a la capacidad de sus líderes.

En efecto, el mayor obstáculo que obstruyó la actividad del ejército realista fue el mando vacilante de sus dirigentes y el inconstante rumbo de sus operaciones bélicas. No bien a tres meses de haber desembarcado en Talcahuano, el brigadier Antonio Pareja falleció a causa de una enfermedad el 21 de mayo 1813 y fue reemplazado por el comandante Juan Francisco Sánchez, hombre de voluntad firme pero que “no tenia (sic) conocimientos militares, i no pasaba de ser un oficial de fila”[1] . Su incapacidad de mando comprometió su oportunidad de cruzar el río Maule tras el combate de Yerbas Buenas y su inclinación a mantenerse guarnecido dentro de las murallas de Chillán le costó varias oportunidades para sobreponerse a los patriotas, algo que sus subordinados notaron repetidas veces. Su reemplazo por el brigadier Gabino Gaínza el 15 de febrero de 1814 no mejoró la situación, al carecer este individuo de la audacia necesaria para atacar directamente a las divisiones patriotas con su robustecida fuerza y ser inconstante en la realización de sus operaciones militares. Todos estos comandantes llegaron a Chile con la expectativa inicial que la sublevación estaba contenida en algunos círculos de la población y que no ofrecerían mucha resistencia, llevándolos a desconsiderar la verdadera magnitud que su empresa militar requirió.

Este estado de estancamiento en el conflicto cambió súbitamente el 4 de marzo de 1814, cuando la ciudad de Talca fue conquistada por las fuerzas realistas comandadas por Ildefonso Elorreaga. Ubicada la localidad al norte del río Maule, este evento volvió a ubicar a la provincia central dentro del corazón del conflicto y comprometió el principal punto de aprovisionamiento para las fuerzas comandadas por el general O´Higgins. Pero mucho más importante, la conquista de esta ciudad dejaba el camino a Santiago despejado y, a menos que el ejército patriota ubicado en el sur llegara primero, el ejército realista podía hacerse del control de la capital. Con este disparo inicial, se inició una carrera entre los dos ejércitos de la cual dependió el destino del conflicto.

No bien hubo recibido noticias de la caída de Talca, O’Higgins tomó la delantera y ordenó la salida de las fuerzas patriotas contenidas en Concepción el 12 de marzo. Su plan de acción era primero reunirse con la división auxiliar patriota ubicada en Membrillar, comandada por Juan Mackenna, y así contar con la totalidad de su ejército en la marcha hacia el norte. Gaínza, previniendo esto, buscó interponerse entre las dos huestes y movilizó a las divisiones realistas ubicadas en el campamento de Quinchamalí. Su tentativa fue infructuosa, siendo rechazado primero el 19 de marzo por O’Higgins en Quilo y la mañana siguiente por Mackenna en Membrillar. Teniendo que reorganizar sus fuerzas en Chillán y partiendo asimismo a Talca, Gaínza planeó cruzar el Maule antes que O’Higgins, acordonar el río con parte de sus fuerzas para mantenerlo ocupado y marchar directamente sobre Santiago.

Desafortunadamente para el general realista, el ejército patriota llegó primero al flujo del Maule y pudo darse el tiempo de bordearlo hasta encontrar un paso no resguardado por las tropas reales. De esta manera, la totalidad del ejército patriota cruzó el río Maule y estuvo listo para interponerse en el camino del enemigo concentrado en Talca. Adecuadamente informado por sus espías respecto al movimiento de sus rivales y la distribución del terreno, O’Higgins decidió que el lugar más propicio para lograr su cometido era el caserío de la hacienda de Quechereguas.
La hacienda de Quechereguas perteneció al comerciante santiaguino Juan Manuel de la Cruz y, siendo su dueño un resuelto realista, las autoridades patriotas no tuvieron miramientos en volver sus instalaciones un campamento fortificado. O’Higgins desplegó gran energía en esta tarea, ordenando la construcción de trincheras con el contenido de los graneros, portillos en las paredes para servir de troneras, la presencia de fusileros en los tejados de los edificios y la caballería en los corrales lista para perseguir al enemigo si lo veía menguar. Consciente de que el enemigo contaba con un mayor número de efectivos gracias a los refuerzos recibidos de Talca, O’Higgins y Mackenna estaba decididos a no dilatar el campo de operaciones y concentrar todas las embestidas del enemigo en este punto.

A las 8 de la mañana del 14 de abril de 1814, el ejército realista se presentó en las cercanías de la hacienda a presentar batalla. Después de un largo intercambio de fuego de artillería, las fuerzas asaltantes intentaron provocar el abandono del reducto improvisado incendiando las cercas que lo rodeaban y esparciendo el fuego a sus edificios. Esta maniobra fue inmediatamente frustrada por los sitiados, los que cortaron las cercas antes que las llamas llegaran a su posición. Viendo la firmeza de la posición de sus contrincantes, el ejército realista inició una retirada ordenada a las 3 de la tarde. A pesar que algunos líderes patriotas quisieron salir en su persecución, la prudente decisión de Mackenna en mantenerse en sus posiciones logró predominar.

Sin ser una victoria extraordinaria, la defensa de Quechereguas logró cambiar el curso de la guerra y le dio una leve ventaja al ejército patriota. A la mañana siguiente, un segundo intento por asaltar la hacienda terminó en fracaso y la desmoralización de la tropa realista empezó a acentuarse, propagándose la deserción en su soldadesca. Gaínza, quien puso todas sus esperanzas en adelantarse a las fuerzas de O’Higgins, temió que la cercana temporada de lluvias iba a empeorar su situación y empezó a preparar la retirada de su ejército de vuelta a Chillán. Si bien esta decisión provocó resistencia entre sus subordinados, el líder realista estaba dispuesto a tomar cualquier alternativa a un combate directo y una derrota absoluta.

A pesar de este triunfo, el desgaste del conflicto se hizo sentir en todos los rincones de la sociedad chilena y la realización de un tratado de paz entre los beligerantes empezó a tomar vuelo. Las autoridades patriotas decidieron aprovechar este momento de leve superioridad para presentarle esta opción al general español y, con la asistencia del comodoro inglés Jame Hillyar y el apoyo de O’Higgins, empezó a gestarse un acuerdo el 16 de abril 1814. Este proceso culminó con la firma del Tratado de Lircay el 3 de mayo de 1814, una tregua temporal que les dio a los ejércitos contrincantes tiempo para reorganizarse y preparase para las próximas etapas del conflicto.

Por
José Miguel Olivares.
Lic. en Historia UANDES

NOTAS AL PIE:
1. Barros Arana, Diego; Historia General de Chile, Tomo IX; Rafael Jover; Imprenta Cervantes; Santiago de Chile; 1888; p. 127.

BIBLIOGRAFÍA

Barros Arana, Diego; Historia General de Chile, Tomo IX; Rafael Jover; Imprenta Cervantes; Santiago de Chile; 1888.
Guerrero Lira, Cristián; 1817 – De Mendoza a Santiago; Ejército de Chile, Corporación de Conservación y Difusión del Patrimonio Histórico Militar; Gráfica LOM; Santiago de Chile; 2016.