COMBATE DE PAMPA GERMANIA

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Jueves, 6 Noviembre, 1879

6 de noviembre de 1879

Con el desembarco y conquista del puerto de Pisagua el 2 de noviembre de 1879, el Ejército de Operaciones del Norte daba inicio exitosamente a la Campaña de Tarapacá. El triunfo de esta operación le aseguró al ejército chileno una base de operaciones por la cual irrumpir en el territorio peruano y también le permitió implementar una brecha entre las fuerzas aliadas concentradas en Iquique y Arica, las que se encontraron incapaces de auxiliarse mutuamente frente a la ofensiva enemiga. Libre el océano de cualquier amenaza marítima y despejado el camino hacia el desierto, el 3 de noviembre se inició el desembarco de hombres, municiones y provisiones en el poblado costero.

Sin embargo, la situación no era completamente halagüeña. Entablados en pleno territorio enemigo y rodeados por un implacable desierto, las autoridades chilenas sabían que el dominio de la línea férrea norteña era el siguiente paso necesario para la apropiada continuación de la campaña. Partiendo desde la costa en Pisagua y terminando en la oficina salitrera de Agua Santa, el control de este ferrocarril facilitaría el avance del ejército a través del desierto y la ocupación del departamento peruano. Pero para ello era necesario un rápido reconocimiento y ocupación de sus instalaciones, las cuales pudieron haber sido dañadas por las tropas del general Buendía durante su retirada de Pisagua.

Pero esta no era la principal urgencia por enviar una partida de avanzada. Hasta ese momento, Pisagua obtenía la mayoría de su agua de buques-cisternas procedentes de Arica y de los vagones del ferrocarril proveniente del interior del desierto. Habiéndose cortado estas vías de abastecimiento y mostrando ser insuficiente la actividad de las máquinas resacadoras, el ejército de alrededor de 10.000 almas pronto tendría que hacerle frente a la carencia del preciado líquido[1] . Por lo tanto, era de extrema necesidad adueñarse de los pozos y aguadas ubicados al centro de la árida región.

Frente a esta situación, el teniente coronel de milicias José Francisco Vergara se ofreció para comandar la partida exploradora que llevaría a cabo estas labores. Hombre de enérgico actuar que servía como secretario personal del General en Jefe del Ejército, su impetuoso proceder había causado más de una fricción en su relación con los jefes militares. Sin embargo, nadie dudaba de su gran inteligencia y ya había realizado una misión similar durante el reconocimiento de la estación ferroviaria de San Roberto, por lo que su petición fue concedida. Poniéndose a la cabeza de dos compañías del Regimiento de Cazadores a Caballo y un pequeño grupo de oficiales, Vergara partió el 5 de noviembre de Pisagua en compañía de 175 jinetes[2] .

Siempre en pos de la línea férrea, la partida exploradora pronto tuvo resultados prometedores. Llegados a la estación de Jazpampa, los soldados chilenos lograron cortar la línea telegráfica de comunicaciones entre Iquique y Arica, abastecerse de forraje para sus bestias, y apropiarse de un convoy de ferrocarril listo para ser enviado a Agua Santa. Continuando su trayectoria a la estación de Dolores, establecimiento poseedor de un abundante pozo de agua y un servicio de bombas en perfecto estado, los jinetes vislumbraron una solución al problema de agua que aquejaba al ejército y el comandante Vergara se aseguró de enviar un mensajero de vuelta con las buenas nuevas.

Reanudando su marcha el 6 de noviembre en dirección a la estación de Agua Santa, la partida exploradora pronto divisó tropas enemigas a la altura de la planicie llamada Germania. Estas eran dos compañías de caballería provenientes de los Húsares de Junín y de los Húsares de Bolivia respectivamente, las cuales estaban protegiendo la retaguardia de las tropas aliadas que habían sido derrotadas en Pisagua. Sin un momento de vacilación, ambos contendientes se lanzaron a enfrentar al oponente con una poderosa carga.

El choque fue feroz y el combate que lo siguió intenso. Pasando por alto el uso de sus armas de fuegos, los jinetes del Regimiento de Cazadores hicieron diestro uso de sus sables y el enemigo fue poco a poco reducido en su totalidad. Si bien las fuentes varían en torno al número de combatientes muertos[3] , pronto la casi totalidad de los integrantes de la partida aliada, inclusive su comandante José Buenaventura Sepúlveda, yacían en el campo sin vida y los jinetes chilenos salían victoriosos. Perdiendo la vida seis soldados chilenos y heridos otros seis más, la partida de Vergara decidió prontamente reagruparse y devolverse a Pisagua para informar lo sucedido.

Gracias a la osadía de este pequeño grupo de hombres, el Ejército de Operaciones del Norte pudo apropiarse del grueso de la línea férrea para la realización de sus operaciones. Mucho más importante, el dominio del pozo de Dolores aseguró al aprovisionamiento del agua para el ejército y su vital importancia pronto lo haría escenario de otra de las grandes batallas de la Guerra del Pacífico.

Por
José Miguel Olivares.
Lic. en Historia UANDES.
Academia de Historia Militar

NOTAS AL PIE:

1. Bulnes, Gonzalo; Guerra del Pacífico – De Antofagasta a Tarapacá; Sociedad Imprenta y Litografía Universo; Valparaíso, Chile; 1911; p. 565.
2. Ibíd.; p 568 y Vicuña Mackenna, Benjamín; Guerra del Pacífico – Historia de la Campaña de Tarapacá – Tomo II; Rafael Jover; Santiago, Chile; 1880; p. 771.
3. Bulnes calcula entre 60 soldados aliados muertos. Bulnes; Óp. cit.; p 573.