COMBATE DE CERRO GAVILÁN

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Lunes, 5 Mayo, 1817

5 de mayo de 1817

*En la Imagen, plano del Combate de Gavilán.*

Tras la batalla de Chacabuco, el Ejército de los Andes inició una serie de operaciones conducentes a expulsar a los realistas y a asegurar el territorio. Para ese efecto, la Campaña del Sur venía llevándose a cabo al mando del coronel Las Heras, quien ya había puesto a prueba sus tropas en la acción de Curapaligüe, el 5 de abril de 1817.

Tras ese enfrentamiento los realistas se replegaron a la ciudad de Talcahuano. Las Heras, quien estaba al mando de la expedición, ubicó entonces su campamento en la ladera noroeste del Cerro Gavilán, aprovechando que desde dicha ubicación, podría fácilmente controlar la ciudad de Concepción y los caminos hacia Talcahuano, de manera tal de planear su estrategia en mejores condiciones.[1]

Una expedición con suministros fue enviada por el virrey del Perú para apoyar a los realistas que se habían guarnecido en Talcahuano. Cuando ésta llegó casi en su totalidad al puerto el 1° de mayo de aquél año, desembarcaron sin mayores novedades. El brigadier José Ordoñez, en vista de la llegada de estos apoyos, decide atacar a Las Heras en su campamento, antes de que éste recibiese los refuerzos que sus espías le aseguraban que había enviado O’Higgins, en su calidad como director supremo. Sus condiciones y recursos no eran las óptimas, le faltaban las armas y tropa que venían a bordo del demorado bergantín Pezuela, pero el ánimo estaba dispuesto. Planeó una serie de ataques simultáneos en distintos puntos contra el campamento de Las Heras, de manera tal de entorpecer el contrataque patriota. Estaba tan seguro de que estas acciones serían conducentes a la victoria realista, que incluso dispuso de tropas que cortasen la retirada patriota y les impidiesen reunirse con el resto de los patriotas enviados hacia el sur.
La idea era evitar a toda costa que los patriotas reforzasen su posición.

Las Heras mantenía una posición bastante ventajosa en el cerro Gavilán, pero la nula información que tenía sobre los refuerzos recibidos por los realistas le hacía estar aprensivo. Supo por sus espías sobre los preparativos para el próximo ataque a sus posiciones, por lo que tomó las medidas que creyó oportunas, incluso escribiendo misivas a O’Higgins advirtiendo de la urgencia de su situación.

Durante la madrugada del 5 de mayo, las tropas realistas comenzaron con sus preparativos y al despuntar el alba, hacia las seis de la mañana, podían verse las columnas de Ordoñez marchando sobre el campamento. Rápidamente fueron repelidos por la artillería patriota, logrando detener el avance unos momentos, mas pronto dicho fuego fue contrarrestado por los realistas y se desató el combate. Cuando la victoria patriota parecía decidida, otra columna realista entró en combate en el momento justo para inclinar la balanza a favor de las armas realistas, avanzando por la derecha de los patriotas, comandada por el teniente coronel Ramón Freire, quien, pese al fragor de la pelea, no pareció alarmarse y defendió su posición con valentía.

Fue una lucha encarnizada en la que por momentos parecía que todo estaba perdido para los patriotas, pero pronto comenzaron a ganar terreno y a revertir el resultado. Los realistas comenzaron su brusca retirada hacia su fuerte en Talcahuano. La oportuna llegada del sargento mayor don Cirilo Correa, al mando de dos compañías de fusileros destacados de la división de O’Higgins, aceleró esta huida y hacia las diez de la mañana del 5 de mayo, la victoria estaba asegurada.

Los patriotas “habían rechazado con vigor y con acierto un ataque hábilmente combinado; y si el número de sus tropas, y sobre todo la escasez de caballería, no les había permitido llevar a cabo la dispersión total de los fugitivos, les habían quitado tres cañones, más de doscientos fusiles y una cantidad considerable de municiones (320 tiros de cañón y cerca de 30.000 cartuchos de fusil)” [2]

A juicio de Barros Arana, si bien este combate no tuvo mayor influencia o la trascendencia deseadas, “sirvió para afianzar el prestigio de las armas de la patria haciendo ver que la guerra había entrado en un periodo de orden, de regularidad y de disciplina bien diferentes de las desconcertadas operaciones con que en 1813 se habían abierto las campañas militares para alcanzar la independencia.”[3]

Por
Carolina Herbstaedt M.
Lic. en Historia UAI
Academia de Historia Militar

NOTAS AL PIE:
1. Barros Arana, Diego. “Historia General de Chile. Tomo XI.” Rafael Jover Editor. Edición 1890. Pp. 131
2. Barros Arana, Diego. Op. Cit. p. 155.
3. Barros Arana, Diego. Op. Cit. P. 156.