COMBATE DE TALCAHUANO

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Sábado, 5 Septiembre, 1931

5 septiembre 1931

*En la imagen, Acorazado Almirante Latorre. Buque Insignia de la Armada de Chile en 1931.*

En la madrugada del sábado 5 de septiembre de 1931 reinaba un silencio tranquilo sobre el camino a Talcahuano, sólo quebrado por la marcha de la Tercera División de Infantería del Ejército proveniente de Concepción. La fuerza comandada por el general Guillermo Novoa Sepúlveda andaba a un paso firme y sigiloso, determinada a cumplir la misión encomendada por el debilitado gobierno del vicepresidente Manuel Truco Franzani. Su objetivo era retomar el control de la base naval de Talcahuano, su apostadero adjunto y los buques que se hallaban en sus inmediaciones, todos los cuales habían caído bajo el control de su sublevada suboficialidad. Con esta marcha se daba inicio al primer y único combate de las fuerzas armadas de Chile en el siglo XX, la que tristemente se llevó a cabo dentro de su propio seno.

¿Cómo se llegó a esta situación? La respuesta la podemos encontrar en una dolorosa secuencia de eventos por la que el país estaba atravesando, la que últimamente terminó por desencadenar el levantamiento general de la marinería chilena el año 1931. La caída de la bolsa de valores de Nueva York en octubre de 1929 dio inició a la llamada Gran Depresión, una crisis económica global que golpeó con especial fuerza a las finanzas de Chile. Expresándose en una poca demanda de exportaciones nacionales, un crecimiento agudo del desempleo, la migración de la mayoría de los mineros del norte al valle central y una inflación creciente, la crisis económica logró afectar a todos los habitantes por igual y pronto tuvo fuertes repercusiones en el escenario político. El 26 de julio de 1931 el general Carlos Ibáñez del Campo, hasta entonces el mayor actor político de la nación, dejó la presidencia de la república y, a pesar de todos sus esfuerzos por mejorar la situación, sus intermitentes sucesores no lograron obtener resultados beneficiosos[1] .

Paralelamente un gran descontento se estaba extendiendo por todos los rangos de las fuerzas armadas, los que cayeron en un estado de desprestigio nacional tras la salida de Ibáñez. Habiéndose quebrantado el principio de no deliberación política con los levantamientos de 1924 y 1925, los soldados estaban en una posición más susceptible a la agitación política prevalente y empezaron a vislumbrar un cambio a sus magras situaciones de vida mediante una intervención directa. Poco a poco fue la suboficialidad la que empezó a atraerle con mayor fuerza esta idea, impulsada por el deseo de detener la tradición de maltratos que sufría a manos de la oficialidad y por el hecho de no haberse visto directamente beneficiada por los levantamientos precedentes. Pronto una chispa desencadenó todo este descontento acumulado y la suboficialidad marina, también conocida como “Gente de Mar”, decidió tomar cartas en el asunto[2] .

Esta vino de la mano del ministro de hacienda Pedro Blanquier, quién el 27 de agosto de 1931 anunció públicamente la rebaja de sueldos de todos los funcionarios públicos. Extendiendo está medida a los miembros de las fuerzas armadas, el descuento de las remuneraciones variaba desde el 12% hasta el 30% de su totalidad y su posterior reparación quedaba pendiente a la capacidad del gobierno para poder realizarlo[3] . Frente a esta poco grata situación, los suboficiales marinos se vieron particularmente afectados al haber sido sujetos a una medida similar durante los tiempos de Ibáñez y parte de ellos vieron sus beneficios por servicios prestados en el extranjero anulados. Esto sirvió como detonante para la sublevación generalizada de la marinería, la que tuvo su epicentro en el acorazado “Almirante Latorre” en el puerto de Coquimbo.

En esos momentos se encontraba reunido en Coquimbo el grueso de la armada nacional, habiendo confluido a este punto la División de Evolución y la División de Instrucción[4] . Siendo esta base el lugar preferido para las operaciones marítimas de invierno, la mayoría de los buques activos de la escuadra se hallaban presentes en el puerto sureño y cualquier manifestación de descontento podía propagarse por todas sus tripulaciones como el fuego.

Entre los miembros de la División de Instrucción se destacaba el acorazado “Almirante Latorre”, buque insignia de la escuadra que el 5 de marzo de 1931 volvió a Chile tras una estadía en Inglaterra y cuya tripulación, según afirman algunas fuentes, fue aproximada por comités revolucionarios de políticos exiliados[5] . Habiendo arribado a una situación política y económica particularmente desventajosa para sus efectivos, la suboficialidad del navío planteó presentar un petitorio a las autoridades del gobierno para solucionar la situación. Cuando este recurso probó ser infructuoso, la Gente del Mar a bordo del acorazado vio en una sublevación generalizada la única alternativa para que sus demandas fueran atendidas.

El 1 de septiembre de 1931 la tripulación del acorazado “Latorre” se amotinó contra sus superiores, encerrando a los oficiales en sus camarotes y formándose un cuerpo representativo que pasó a llamarse el “Estado Mayor de las Tripulaciones”. Si bien en sus proclamaciones iniciales solo se opusieron a las nuevas medidas fiscales y demandaron cambios dentro de la esfera militar, pronto este organismo empezó a radicalizar su posición y sus demandas se volvieron más ambiciosas. Entre ellas se encontraban instrucciones al gobierno para lidiar con la crisis económica, el indulto de todos los políticos en exilio y la reorganización de las tierras. Pronto otros puntos del país empezaron a seguir el ejemplo de Coquimbo y la sublevación de la marinería se volvió un fenómeno nacional[6] .

Una de estas localidades fue el Apostadero Naval de la Armada en el puerto de Talcahuano, el que entonces daba refugio a varios navíos en reparaciones y a la flotilla de submarinos comprados recientemente por el gobierno. Sospechando que esta última fuerza sería utilizada por el gobierno para enfrentarse a los amotinados de Coquimbo, la suboficialidad local y los obreros de los astilleros prontamente se apropiaron de la base naval y el 3 de septiembre de 1931 se plegaron oficialmente a la sublevación de la marinería. Consolidada la rebelión, gran parte de los navíos presentes decidieron encaminarse al norte para prestarle apoyo a sus camaradas y, encabezados por el sargento primero Orlando Roble Osses al mando del buque nodriza de submarinos “Araucano”, la llamada “Flota del Sur” abandonó Talcahuano. Fuera de una gran cantidad de armas y municiones individuales, la base naval se halló solo protegida contra cualquier asalto por el anclado destructor “Riveros” y la artillería de los dos fuertes que resguardaban la bahía[7] .

Una vez que se tuvo noticias de lo acontecido en Talcahuano, el Estado Mayor de la Tercera División de Infantería basado en Concepción preparó inmediatamente las fuerzas a su disposición para tomar el Apostadero por la fuerza. El comandante de la División, General Guillermo Novoa, militar experimentado y con una larga carrera profesional, contó para esta tarea con los regimientos de infantería “O’Higgins” y “Chacabuco”, los regimientos de caballería “Húsares” y “Guías”, y el apoyo del grupo de artillería a caballo N°3 “Silva Renard” y el batallón de tren N°3. Mediante un estudio metódico de la situación y gracias al reconocimiento aportado por la naciente Fuerza Aérea chilena, el general Novoa y el comandante Luis Clavel, jefe de su Estado Mayor, estuvieron en condiciones para preparar un asalto profesional sobre el puerto sublevado[8] .

Siendo autorizados por el gobierno para proceder con sus planes a las 01:00 horas del sábado 5 de septiembre de 1931, las fuerzas de la División marcharon las primeras horas de la madrugada hasta hallarse en la posición acordada. Avanzando un tramo inicial hasta el llamado Puente Perales, las fuerzas del Ejército pronto se hicieron del control de la ciudad de Talcahuano sin resistencia y, acorde a lo planeado, pudieron posicionar su artillería en el fuerte “El Morro” y en el edificio de la gobernación. Después de que varios intentos por inducir la rendición del repartimiento probaron ser infructuosos, el combate comenzó con las detonaciones de los cañones del grupo “Silva Renard” a las 15:50 horas.

Acorde al plan de ataque establecido por el Estado Mayor, el primer objetivo fue inutilizar al destructor “Riveros”, el cual se hallaba anclado frente a la base naval y cuya artillería presentaba una seria amenaza a cualquier intento por irrumpir en el recinto. Una vez que el fuego del grupo “Silva Renard” hubo lidiado con este obstáculo, los regimientos “O’Higgins” y “Húsares” avanzaron por la línea montañosa que rodeaba al puerto por su flanco izquierdo hasta poder irrumpir en el centro de la base sublevada. Destruido el grueso de la resistencia posicionado ahí, el regimiento “O’Higgins” procedió a habilitar la entrada de los regimientos “Guías” y “Chacabuco”. Mientras que el resto de las tropas de ejército realizaban una operación de barrido del Apostadero, el regimiento “Húsares” continuó su marcha al norte para posesionarse del fuerte “Borgoño”.

Fue en esta última operación dónde el Ejército tuvo que enfrentar el mayor rechazo, todavía resistiéndose los artilleros sublevados a ceder su posición y contando para su defensa con los cañones del fuerte. Frente a un nutrido fuego enemigo y un poco beneficioso terreno de operaciones, el regimiento “Húsares” tuvo que detener su avance y el general Novoa empezó a considerar la reanudación de las operaciones el día siguiente. Tal medida terminó por no ser necesaria, siendo comunicado a las 22:00 de la rendición de la fortificación marina. Con ello se daba final al combate de Talcahuano[9] .

El saldo del enfrentamiento fue particularmente perjudicial para los marineros sublevados, los que contaron treinta y cinco heridos y catorce muertos. El Ejército, mientras tanto, sólo tuvo seis soldados muertos, los cuales serían rememorados posteriormente como “Beneméritos de la Patria”. A pesar de la firmeza de sus ideales y el extendido malestar que predominaba contra el gobierno, la marinería sublevada no pudo oponerse al actuar disciplinado y profesional del Ejército cuando este fue llamado por el deber. El combate contó con el beneficio adicional de estrenar la recién formada Fuerza Aérea chilena, pronosticando su eficiencia para el futuro.

Por
José Miguel Olivares
Academia de Historia Militar.

NOTAS AL PIE

1. Vergara Paredes, Sandrino; “La sublevación de la marinería del año 1931 y el combate de Talcahuano”; Anuario de la Academia de Historia Militar, N°25, Año 2011; Academia de Historia Militar; Santiago de Chile; 2011; p. 74.
2. Ibíd.; p. 77.
3. Ibíd.; p. 74.
4. También llamada la “Escuadra Activa”, la División de Evolución era comandada por el contralmirante Abel Campos Carvajal, estaba compuesta por personal veterano y volvían en ese entonces de Puerto Aldea. Por otro lado, la División de Instrucción servía para el entrenamiento del personal novato y era comandada por el comodoro Alberto Hozven. Ibíd.; pp. 81 – 82.
5. Esta afirmación ha sido objeto de ardua discusión entre los testigos de ese entonces y los historiadores de ahora. Si cabe mencionar que la influencia de círculos políticos, ibañistas o comunistas, fueron considerados como una posibilidad durante el consejo de guerra de Las Salinas y la corte marcial de los marinos sublevados en Valparaíso. Ibíd.; pp. 65 – 73.
6. Ibíd.; pp. 81 – 90.
7. Ibíd.; pp. 91 – 104.
8. Ibíd.; pp. 104 – 109.
9. Ibíd.; pp. 109 – 128.