JUAN GREGORIO DE LAS HERAS

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Domingo, 5 Abril, 1818

JUAN GREGORIO DE LAS HERAS

Este ilustre prócer de la independencia hispanoamericana y chilena nació en Buenos Aires el 11 de julio de 1780, en el seno de una familia acomodada de esta ciudad. Su padre fue Bernardo Gregorio de Las Heras, mientras que su madre se llamó Rosalía de la Gacha y Rojas. Tuvo una plácida infancia, acompañado de su madre, de su abuela y de las mujeres que servían en la casa. Sus primeros estudios los hizo en su mismo hogar, probablemente guiado por un maestro particular; después pasó a la escuela comunal de Buenos Aires y, finalmente, cuando tenía quince años, ingresó al Real Convictorio Carolino, establecimiento adonde ingresaban los jóvenes provenientes de las principales familias del Virreinato del Río de la Plata. Sergio Martínez Baeza habla de su paso por este instituto, dando cuenta de su buen rendimiento y de la alta cultura que allí pudo adquirir: “Debió ser un alumno aprovechado en estas asignaturas, a juzgar por la excelente redacción que muestran los documentos de su puño y letra que se conservan en abundancia, tales como memorias, diarios, oficios y correspondencia. En estos escritos suyos se advierte una buena cultura general, adquirida en la lectura de abundantes libros que existen en su hogar; un orden mental que sorprende gratamente y que es expresión de su temperamento maduro y reflexivo; y un estilo elegante y preciso, cuidadoso del ritmo y de la cadencia en el fraseo, que le permiten lograr verdaderos aciertos literarios.”[1]

Con posterioridad abandonó estos estudios para entrar a trabajar en la casa de comercio que era propiedad de su padre.

En estos años se fue modelando su carácter, el cual según el autor ya citado se resume en las siguientes palabras: “Posee convicciones firmes, lealtad inalterable a los principios y valores que ha hecho suyos. Tiene una actitud más bien modesta y reservada y poco le atraen los oropeles y las luces. Estas condiciones de su carácter le destacarán sobre muchos de sus contemporáneos. En las horas difíciles, cuando se desatan las pasiones por el triunfo o la derrota, en que la ira, la euforia, la envidia o el orgullo se enseñorean de los hombres, Las Heras permanece impávido, sin inmutarse, siempre él mismo, sin renuncios ni acomodamientos.” [2]

En cuanto a sus creencias fue un cristiano convencido y ya en 1796 pidió ingresar a la Venerable Orden Tercera de San Francisco; también fue muy devoto de la Virgen del Carmen. Sin embargo, su profunda Fe no le será incompatible con la causa libertaria de América (lo que implicaba luchar contra la censura de libros establecida por la Inquisición).

Comenzó su vida militar a los 26 años, cuando se incorporó como soldado a una de los cuerpos milicianos de la ciudad de Buenos Aires, en el marco de las invasiones inglesas al Río de la Plata. Tuvo una actuación notable, por lo que fue ascendido a sargento 1º, pasando luego a servir a una unidad de caballería. Con posterioridad fue capitán de milicias en Córdoba.

Su relación con Chile se hace más permanente a partir de 1813, cuando fue enviado a nuestro país, conformando un destacamento de 300 hombres que el gobierno bonaerense designó para auxiliar a las tropas patriotas chilenas. Estos efectivos provenientes del otro lado de Los Andes se unieron a la división de Juan Mackenna, la cual participó en las acciones de Cucha-Cucha y Membrillar. A continuación vinieron más acciones de guerra en las cuales Las Heras tuvo una actuación distinguida, por lo cual las autoridades chilenas le concedieron condecoraciones, mientras que las del Río de la Plata lo ascendieron al grado de teniente coronel. También llegó a tomar el mando de la mencionada división auxiliar.
Después de la firma del tratado de Lircay, marchó a la zona de Aconcagua con el fin de regresar a su patria; entonces tuvo lugar la batalla de Rancagua, por lo cual cooperó en la retirada y la emigración de muchos patriotas chilenos hacia Mendoza.

En esta última ciudad apoyó la organización del Ejército de Los Andes, lo cual le permitió alcanzar el rango de coronel graduado en enero de 1817. Durante el paso de Los Andes comandó la primera columna de esa fuerza militar, por lo cual tuvo que participar en los encuentros de Potrerillos, Guardia Vieja y Los Andes; a continuación, combatió en Chacabuco.

Una vez establecido el nuevo gobierno patriota en Santiago, fue enviado al sur por el general San Martín a mando de una división, con la cual sostuvo diversos encuentros y también se halló en los sitios de Talcahuano. En este contexto llegó a Chile la segunda expedición comandada por Mariano Osorio y Las Heras tuvo una actuación capital durante el desastre de Cancha Rayada, en el cual logró salvar su división completa y dirigir la retirada hacia el norte; este hecho llenó de esperanza a los habitantes de Santiago y a las autoridades patriotas chilenas, quienes habían temido una nueva pérdida de la causa independentista. También se destacó en la batalla de Maipo, lo cual le valió ser ascendido a coronel efectivo del Ejército de Chile.

En el marco de la preparación de lo que sería la Expedición libertadora del Perú, fue ascendido al grado de coronel general (actual general de brigada) por los gobiernos de Chile y Buenos Aires, y también alcanzó el cargo de Jefe del Estado Mayor de esa fuerza militar. En 1821 llegaría a ser General en Jefe del Ejército Libertador del Perú.
En el contexto de esta última campaña, sirvió como militar y como consejero del nuevo gobierno limeño. Se distinguió en el sitio de las fortalezas de El Callao, donde se había replegado una parte de las tropas realistas. Por este y otros servicios, el gobierno peruano lo distinguió como Gran Mariscal, en diciembre de 1821.

Regresó a Chile en 1822 y pasó a Buenos Aires para colaborar en la organización de la nueva república; de esta forma fue gobernador y capitán general de la provincia del mismo nombre. En 1826 se desligó de estas misiones y regresó a Chile, ya en forma definitiva. En 1828 fue ascendido a General de División.

En nuestro país lo sorprendió la revolución de los años 1829 – 1830, en la cual, al igual que otros destacados militares chilenos y extranjeros, se negó a reconocer a las nuevas autoridades conservadoras, por lo cual fue dado de baja en el Ejército. En 1842, el Congreso le devolvió sus títulos y honores. Con posterioridad, en 1861, fue nombrado Comandante General de Armas e Inspector General de Guardias Cívicas, mientras que en el año siguiente llegó a ser Inspector General del Ejército.

Siempre fue una persona que tenía un alto concepto del cumplimiento del deber, lo cual se reflejaba en situaciones como la que se expone a continuación: “Era tan pundonoroso y era tanto el aprecio de que disfrutaba que el hecho siguiente da relieve a ambas cosas: en 1863 se sintió viejo y achacoso y presentó su renuncia; el gobierno se la rechazó por decreto de 28 de abril y el Presidente don José Joaquín Pérez se presentó al día siguiente a la casa del benemérito general y le rogó que continuara en la inspección del ejército, aunque no concurriera todos los días a su despacho. Así continuó hasta el fin de su jornada: celoso del cumplimiento de sus deberes, admirado y querido de tres países y rodeado del cariño de todos.” [3]

Falleció en Santiago el 6 de febrero de 1866, siendo enterrado en el Cementerio General junto a parte de los integrantes de su familia. Sus restos fueron repatriados a Argentina en 1906.

Virgilio Figueroa, en su célebre diccionario histórico, al dar una opinión sobre la vida y la obra de este personaje, afirma: “San Martín no empaña su gloria, pero sin él, Las Heras habría sido la primera figura militar del ejército libertador de Hispanoamérica. Su genio se refleja en las campañas de Chile, del Perú y de la Argentina y proyecta vívidas fosforescencias sobre las heroicidades de los tres pueblos hermanos.” [4]

Por
Eduardo Arriagada Aljaro
Historiador PUC
Academia de Historia Militar

NOTAS AL PIE:

1. Martínez Baeza, Sergio. "Vida del general Juan Gregorio de Las Heras. 1780 – 1866." Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, 2009, p. 63.
2. Ídem. pág. 65.
3. Figueroa, Virgilio. "Diccionario Histórico Biográfico y Bibliográfico de Chile. Tomo III." Establecimientos Gráficos Balcells & Co., Santiago de Chile, 1929, p. 651.
4. Ídem. p. 650.