ACCIÓN DE MATAQUITO

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Miércoles, 14 Noviembre, 1556

14 de Noviembre de 1556

La primavera de aquél año fue intensa y llena de sucesos, que parecieron incrementarse aún más con la ausencia del corregidor Villagrán de la capital. Desde el sur llegaban noticias que llenaban de temor y aprensión a quienes vivían en Santiago: Lautaro se movilizaba, y la intranquilidad que eso causó motivó incluso al Cabildo a tomar las precauciones del caso. Era poco probable que la capital volviera a ser asediada, pero de alguna manera debían garantizar la seguridad de las estancias y el ganado que los vecinos tenían extra muros.

Tras el asedio a las ciudades de Imperial y Concepción, y la calma que a eso le siguió, Lautaro consideró que había pasado un tiempo más que suficiente de calma y pronto comenzó a reunir una fuerza capaz de inquietar a los españoles, a quienes creía desmoralizados por las sucesivas derrotas del pasado invierno. De acuerdo a Barros Arana, el plan de Lautaro “se reducía a sacar de Arauco un cuerpo de guerreros, sublevar en su camino a los indios sometidos del Norte y caer, por fin, sobre Santiago, centro hasta entonces de los recursos del enemigo, donde tal vez esperaba hallar una resistencia sólida.”(1)

Sin embargo no estuvo exento de problema, pues si bien reunió una numerosa hueste de indígenas, no todos acudieron a su llamado. Al notar la proximidad del toqui, muchos huyeron y no pocos llegaron a Santiago, advirtiendo de su proximidad. En vista de estos avisos, el Cabildo de Santiago, haciendo uso de sus atribuciones en ausencia de las autoridades pertinentes y entre otras medidas, nombró al capitán Diego Cano como caudillo de la capital, para protegerla de la eventual y temida invasión. El susodicho tenía una amplia experiencia haciendo enfrentado al enemigo que avanzaba sobre Santiago y partió en su defensa junto a una vanguardia de veinte jinetes a hacerles frente.

Teniendo la noticia que Lautaro había levantado un campamento en el valle del río Mataquito, el capitán Cano fue al encuentro de éste y tras cuatro días de marcha, hacia el 14 de noviembre, se encontraron con su enemigo y se trabaron en combate sobre un terreno particularmente complicado para la caballería (Lautaro lo había mandado a horadar ex profeso), que los obligó a luchar en condiciones muy adversas. “Los españoles sufrieron la pérdida de un hombre, y muchos de ellos salieron estropeados y heridos.”(2)

Bajo estas condiciones los españoles consideraron no poder sacar victoria alguna y decidieron retirarse antes de lamentar más bajas, ya habían perdido a un hombre, dejando la victoria a los indígenas. Los vencedores de este combate tomaron el cuerpo del caído y, de acuerdo a Barros Arana(3), lo desollaron y rellenaron de paja, para proceder a colgarlo de un árbol.

La ciudad de Santiago parecía, de este modo, quedar expuesta al peligro.

Por
Carolina Herbstaedt M.
Historiadora UAI
Academia de Historia Militar.

NOTAS AL PIE:
1. Barros Arana, Diego. “Historia General de Chile. Tomo Segundo.” Editorial Nascimiento, 2ª Edición. Santiago de Chile. 1930. p. 102
2. Ídem. p. 105
3. Ídem.