BATALLA DE TARAPACÁ

Formulario de búsqueda

Jueves, 27 Noviembre, 1879

27 de Noviembre de 1879

Este hecho de armas tuvo lugar después de la acción de Dolores (denominada también como “San Francisco”), en la cual las fuerzas chilenas habían triunfado sobre los Aliados (peruanos y bolivianos). De hecho, esta anterior batalla había sido la de carácter decisivo, en el contexto de la llamada “Campaña de Tarapacá.” Lo que vino a continuación fue efecto de la sorpresa y de la improvisación.

El Ministro de Guerra en Campaña, Rafael Sotomayor y el general Erasmo Escala, luego del triunfo de Dolores, decidieron atacar el puerto de Iquique por tierra y por mar, y también la destrucción de las fuerzas aliadas que quedaban al mando del general Juan Buendía. Se supo que el coronel Suárez había reunido cerca de mil hombres en la quebrada de Tarapacá, por lo cual el general Escala envió una partida de hombres al mando de José Francisco Vergara (quien en ese momento era secretario del Estado Mayor). Más tarde se sumó una división de 1900 hombres dirigidos por el coronel Luis Arteaga; finalmente, este último tomó el mando de todas estas tropas chilenas, las que se preparaban para enfrentar a los aliados, a los que se suponía albergados en el pueblo de Tarapacá, situado en el fondo de una quebrada.

La acción comenzó en la madrugada cuando la camanchaca comenzaba a disiparse. Del lado chileno participaron tropas de infantería, caballería y artillería, mientras que los aliados sólo aportaron infantes. Una sorpresa fue sucediendo a otra, tanto para los chilenos, como para peruanos y bolivianos (en el caso de los primeros, faltó un adecuado reconocimiento del enemigo). El combate se fue dando tanto en el fondo de la quebrada, como en los bordes de las mesetas que rodean a la primera. Las pérdidas más significativas las tuvo el cuerpo chileno 2º de Línea, que perdió a su comandante, el coronel Eleuterio Ramírez, más su simbólico estandarte y sus cañones. Una primera etapa en la cual se dio la mayor parte de las bajas chilenas fue seguida de una inusual calma, en la cual los chilenos sobrevivientes se precipitaron al fondo de la quebrada para beber el agua que corría por ese delgado curso fluvial; entonces los aliados volvieron a asomarse por los lados de la quebrada (las dos mesetas), prestos a disparar sobre los chilenos que estaban abajo. Esos pocos combatientes que iban quedando lograron salvarse gracias al auxilio de tropas enviadas por el Cuartel General chileno, el cual había sido informado del desastre por un mensajero enviado por Vergara.

El resultado de esta batalla fue la pérdida de cerca del treinta por ciento de la división del coronel Arteaga. La campaña había terminado con una acción de guerra muy lamentable, en la cual intervinieron la oscuridad y la niebla. Así como empezó en la madrugada, terminó al anochecer. Las pérdidas de los aliados fueron cerca del diez por ciento de sus combatientes, pero sus jefes optaron por la retirada, debido a la falta de elementos de persecución y al agotamiento de sus hombres.

Pese a esta derrota, la campaña de Tarapacá significó que la riqueza salitrera, concentrada en la provincia del mismo nombre, quedaba en manos chilenas. Aquella será muy importante para financiar el posterior esfuerzo de guerra chileno.

Por
Eduardo Arriagada Aljaro
Historiador PUC.
Academia de Historia Militar.